Isla Juan Fernández

Vamos al agua

¿Hay vida en las profundidades del mar?

En el océano Pacífico existe un enorme agujero sumergido en la más profunda oscuridad. Se llama Fosa de las Marianas. Allí se encuentra el abismo de Challenger, conocido por ser el lugar más profundo del océano. ¿Lo puedes imaginar? ¡Incluso el monte Everest, el punto más alto en la tierra, podría darse vuelta y esconderse ahí!

En la dorsal de Juan Fernández no encontramos estas inmensas fosas, pero hay lugares donde tendríamos que descender casi a 4.000 metros para tocar el fondo del mar. Se han hecho muestreos con trampas y líneas de pesca, capturando especies como el cangrejo dorado o el orange roughy. Incluso se han utilizado robots submarinos operados con cámaras para conseguir imágenes en la cima de algunos montes submarinos a 400 metros bajo el nivel del mar.

FALTA UN DIALOGO

Efectos de los montes submarinos

Cuando una corriente marina avanza en un rumbo determinado, su dirección se puede desviar si se encuentra con algún obstáculo, como un monte submarino. Las corrientes marinas transportan nutrientes, organismos, larvas de organismos mayores e incluso basura. Al cambiar su dirección, es probable que se generen zonas donde se acumule parte de lo que se transporta.

Las excursiones marinas alrededor del archipiélago Juan Fernández, Islas Desventuradas y de los montes submarinos, han dado cuenta de estos lugares que albergan vida en el océano. Incluso entre montes submarinos cercanos, se ha encontrado que hay una relación genética de las especies, es decir, los organismos de una especie se pueden reproducir en un monte submarino y sus larvas son transportadas por alguna corriente que se encuentra con otro monte submarino.

Tsunamis y Juan Fernández

¿Sabías que los tsunamis viajan a gran velocidad desde el punto donde se generaron? Por mar abierto son casi imperceptibles, por lo que si estuvieras navegando en medio del océano las ondas pasarían por abajo ¡y probablemente no te darías ni cuenta! Pero al acercarse a la costa, las olas pierden velocidad y esa energía que traen al desplazarse se transforma en energía potencial, lo que provoca que las olas adquieran una gran altura.

El terremoto que sacudió a Chile el 27 de febrero de 2010 de 8.8 grados Richter, con epicentro en la zona central, provocó ondas de tsunami que impactaron desde San Antonio a Tirúa y, además, viajaron por todo el Océano Pacífico. Las ondas no tardaron en llegar a Robinson Crusoe. Alcanzó una altura de 8 metros al empezar a sentir el fondo marino, provocando la inundación del poblado de San Juan Bautista.

Los tsunamis no son eventos frecuentes, ¡pero ojo! Ante una alerta, lo mejor es dirigirse hacia lugares altos. Si estás navegando cerca de la costa debes desplazarte mar adentro, donde es más profundo y las ondas de tsunami aún no ganan altura.